Liderar… es pan comido

Liderar es pan comido

Liderar es pan comido

Mucho se ha opinado sobre el Liderazgo  si es o no fácil eso de liderar. Seguro que les ha parecido pan comido a todos aquellos directivos que en épocas de abundancia (de opulencia, me atrevería a decir) han contado con crédito para rodearse de los mejores, de pagar bonos y salarios estratosféricos, de hacer concesiones bochornosas. En definitiva, de pagar sus propias carencias como Líderes.

Pero, ¿no es cierto que liderar es en realidad otra cosa? Es ahora, en esta tortuosa etapa de crisis (económica, de crédito, de valores, de confianza, de identidad…) cuando hay que demostrar que se es un verdadero Líder.

Y aquí surge la que pudiera ser la gran pregunta: ¿y cómo ha de ser un Líder? Según comentaba recientemente el profesor Tal Ben-Shahar (Catedrático de Psicología Positiva y de Liderazgo de la Universidad de Harvard), el Liderazgo “consiste en ayudar a otros a crear y creer en una visión positiva”. Por tanto, el foco está situado en los demás (personas), en conseguir comportamientos orientados hacia un alto rendimiento. Y para ello el secreto está en formular preguntas que provoquen respuestas adecuadas para avanzar e impactar al negocio, preguntas que hagan reflexionar sobre lo que funciona o ha funcionado en el pasado; preguntas orientadas hacia las fortalezas.

Jack Welch en su libro “El Liderago según Jack Welch” propone como una de las pautas la de atraer al personal mejor cualificado para generar una ventaja competitiva. Pero yo añadiría que no basta con “personal cualificado”, sino que hay que cultivar en ellos la confianza y el compromiso (no es casualidad que estos dos términos también aparezcan en el párrafo anterior que menciona las crisis que nos azotan…). Que las personas crean y creen, que se les formulen las preguntas adecuadas enfocadas hacia resultados extraordinarios y, además, que elijan ser felices.

Desde luego que mucho queda por hablar del Liderazgo y de las múltiples variedades que he conocido en mi carrera profesional desde RRHH: Liderazgo Situacional, Transformador, Visionario, Emocional, Positivo… De lo que estoy convencido es que eso de liderar no es precisamente pan comido.

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¿Influencia ó Influciencia?

¿Crees que eres una persona influyente? ¿Se puede aprender a influir o es algo innato?

Del término astrológico francés influence (s. XIII) que significa la emanación de las estrellas

Influencia

que actúa sobre el carácter y sobre el destino de las personas, parece que la influencia es una de las habilidades requeridas y valoradas en un líder verdadero.

Como habilidad, la influencia consiste en ejercer poder para modificar o condicionar las conductas de otros individuos o incluso grupos. A menudo forma parte de las competencias evaluadas del profesional, lo que le confiere un atributo científico al término. Se habla así de una graduación (cuantitativo) según sea el alcance en la escala de influencia, en la valoración competencial o en el gap resultante frente al nivel requerido. Se habla de forma cuantitativa de las “esferas de influencia” para determinar el grado de poder para persuadir a otros.

Y sobre la persuasión nos habla Rubén Turienzo en el principio activo n°4 de Carisma Complex, como la habilidad (yo diría arte…) para convencer a alguien de algo y estimularlo para actuar de cierto modo. Y el arte radica en que el persuasor ha de emplear suficientes razones y argumentos con el persuadido o influenciado.

Desde el punto de vista organizacional, la influencia está directamente relacionada con la existencia de un líder, quien actúa sobre los individuos. Puede tener una autoridad formal sobre ellos, o bien ejercer autoridad “moral” que es la que precisamente proporciona el carisma y el liderazgo.
Como ciencia, la influencia es función de la proximidad o cercanía con los influenciados. Por ello el famoso psicólogo social de la Universidad de Yale Stanley Milgram, nos habla de los 6 grados de separación pero sólo de los 3 grados de influencia. Es decir, aunque estemos conectados con cualquier persona de este planeta por seis grados de separación, sólo hasta el tercer grado es hasta donde podemos ejercer influencia sobre sus actitudes, opiniones y conductas.

Espero, en estos tiempos difíciles, mantener una buena dosis científica de influencia. O en el peor de los casos y según su acepción religiosa, una buena inspiración divina que alcance las almas de los creyentes…