El mirlo blanco… o el palomo Juan

mirlo_blanco.jpegNo descrubro nada nuevo al afirmar que, cada vez, son más las destrezas, capacidades y conocimientos requeridos para un puesto de trabajo. Por un lado, las altas tasas de desempleo acogen un mercado de profesionales sobradamente experimentados y una generación de jóvenes académicamente bien cualificados. Por otro lado, los recursos económicos destinados a la contratación de personal son cada vez más escasos y la planificación de incorporaciones se reduce a la mínima expresión.

La conjugación de estos factores ha desembocado en unas ofertas de empleo donde los “requisitos necesarios” se suceden uno tras otro hasta agotar todos los caractereres disponibles en el campo para escribir. Y, por si esto fuera poco, se aprovecha el espacio habilitado para “requisitos deseables” con el ánimo de especificar todo aquello que no se pudo incluir antes, pero que no deja de ser menos necesario.

Las esperanzas están depositadas en encontrar a ese experimentado candidato que (tras su paso por los más reconocidos Colleges y Universidades, una brillante carrera profesional internacional, unas cifras de negocio de éxito en todos los proyectos en que ha participado y de elevado prestigio en su sector), a buen seguro, estará esperando nuestra llamada. Pretendemos atraer y seleccionar a ese mirlo blanco que el azar y una amortización de posiciones durante la última reorganización dejaron al descubierto para nosotros. Es más, cuando conozcamos al que denominábamos mirlo blanco, estaremos convencidos que aparecerá otro candidato aún más blanco…

¡Qué ilusos! ¿Buscas un mirlo blanco o realmente lo que quieres es al palomo Juan? Alguien que tenga triple titulación universitaria superior, no menos de dos postgrados en forma de masters, con experiencia internacional, fluidez en tres idiomas, disponibilidad para viajar, movilidad geográfica, flexibilidad horaria, amplios conocimientos del sector, orientación a objetivos, tolerancia al estrés, capacidad de trabajo bajo presión, liderazgo de equipos remotos, interrelación a alto nivel, con impacto e influencia… Sí, denitivamente lo que tú buscas es a Juan Palomo y no un mirlo blanco. Alguien que tenga las capacidades y la voluntad de cubrir tres (como las titulaciones…) vacantes por exigencias del presupuesto. Alguien en quien se pueda delegar cualquier cosas con la seguridad de que lo afrontará con éxito. Alguien que se lo guise y se lo coma.

Quizá la próxima vez que vayas a publicar una vacante o estés con tu cliente tomando el briefing de la posición a trabajar, identifiques que lo que realmente estás buscando es a Juan Palomo.

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Bacterias profesionales

Bacterias ProfesionalesHace pocos días tuve la fortuna de recuperar, aprovechando uno de esos arrebatos de limpieza de papeles y documentos, un examen de la asignatura de Ciencias que hice en Noviembre de 1985 (sí, yo fui a EGB…). Durante su lectura, no sin profunda añoranza de aquellos tiempos, reflexioné sobre la segunda pregunta del examen y su paralelismo con los entornos laborales que cualquier profesional puede encontrar a su alrededor durante su carrera. La pregunta en cuestión pedía identificar los tipos de bacterias por su biología y ésta la respuesta que completaría hoy día:

  • Parásitas: aquellas que viven sobre otros seres vivos a los que causa enfermedades. Cuántos profesionales son verdaderos parásitos que sobreviven gracias a talentosos y brillantes compañeros. El parásito se esfuerza por hacerse dueño de los éxitos y logros que consigue el huesped y vive a expensas de los objetivos que éste último pueda alcanzar, contribuyendo poco o nada a su consecución. En ocasiones, el parásito puede llegar a vivir dentro del huesped, ya que se ha apoderado de sus entrañas causándole auténticas enfermedades (malestar, burn-out, odio, descomposición…).
  • Saprófitas: viven sobre restos orgánicos a los que descomponen. Se pueden considerar, por tanto, bacterias beneficiosas, ya que ayudan a que “profesionales muertos” sean liberados de las organizaciones (aunque vuelvan al mercado laboral para ser absorbidos nuevamente).
  • Simbióticas: se unen a otros seres vivos para obtener un beneficio común. Reconocen en el paradigma ganar-ganar la forma de alcanzar los resultados y, por extrapolación, conciben que si mi empresa gana, también gano yo. Por ello buscan la asociación con otros buenos profesionales y alcanzar sus metas a base de un verdadero trabajo en equipo. Suelen agruparse en lo que se suele conocer como “Equipos de Alto Rendimiento”.
  • Autótrofas: obtienen la energía que necesitan para llevar a cabo su función por sí mismas (auto) y no necesitan de otros seres vivos (compañeros de trabajo). Se trata de esos profesionales que mantienen altos niveles de motivación por su trabajo, a pesar de que trabajan sólos, con autonomía e individualismo. Sacan la energía precisamente del trabajo, de la tarea bien hecha, que les retroalimenta para continuar realizando su función, bien en su organización actual o bien valorando otras oportunidades.

Ahora entiendo cuando mi médico de familia (antes de cabecera) me dice que no han de tomarse antibióticos sin receta médica. Que hay que valorar qué tipo de bacteria profesional se presenta en el cuadro médico y realizar un buen diagnóstico a base de una consultoría seria que determine el antibacteriano a administrar.

Seguramente aún me queden por presenciar a muchos afectados a mi alrededor. Sólo espero ser capaz de reconocer el tipo de bacteria que les afecta y el tratamiento adecuado que deba aplicarse.

Liderar… es pan comido

Liderar es pan comido

Liderar es pan comido

Mucho se ha opinado sobre el Liderazgo  si es o no fácil eso de liderar. Seguro que les ha parecido pan comido a todos aquellos directivos que en épocas de abundancia (de opulencia, me atrevería a decir) han contado con crédito para rodearse de los mejores, de pagar bonos y salarios estratosféricos, de hacer concesiones bochornosas. En definitiva, de pagar sus propias carencias como Líderes.

Pero, ¿no es cierto que liderar es en realidad otra cosa? Es ahora, en esta tortuosa etapa de crisis (económica, de crédito, de valores, de confianza, de identidad…) cuando hay que demostrar que se es un verdadero Líder.

Y aquí surge la que pudiera ser la gran pregunta: ¿y cómo ha de ser un Líder? Según comentaba recientemente el profesor Tal Ben-Shahar (Catedrático de Psicología Positiva y de Liderazgo de la Universidad de Harvard), el Liderazgo “consiste en ayudar a otros a crear y creer en una visión positiva”. Por tanto, el foco está situado en los demás (personas), en conseguir comportamientos orientados hacia un alto rendimiento. Y para ello el secreto está en formular preguntas que provoquen respuestas adecuadas para avanzar e impactar al negocio, preguntas que hagan reflexionar sobre lo que funciona o ha funcionado en el pasado; preguntas orientadas hacia las fortalezas.

Jack Welch en su libro “El Liderago según Jack Welch” propone como una de las pautas la de atraer al personal mejor cualificado para generar una ventaja competitiva. Pero yo añadiría que no basta con “personal cualificado”, sino que hay que cultivar en ellos la confianza y el compromiso (no es casualidad que estos dos términos también aparezcan en el párrafo anterior que menciona las crisis que nos azotan…). Que las personas crean y creen, que se les formulen las preguntas adecuadas enfocadas hacia resultados extraordinarios y, además, que elijan ser felices.

Desde luego que mucho queda por hablar del Liderazgo y de las múltiples variedades que he conocido en mi carrera profesional desde RRHH: Liderazgo Situacional, Transformador, Visionario, Emocional, Positivo… De lo que estoy convencido es que eso de liderar no es precisamente pan comido.